¿BAJAR TUS EXPECTATIVAS TE PUEDE HACER MÁS FELIZ?

22/05/2018

Sé lo que estás pensando. O a lo mejor no, soy psicólogo, no adivino. Pero déjame adivinar por un momento: piensas que la pregunta que da título a este post suena a conformismo.

 

Es como si planteara: para ser feliz, ¿debo conformarme? ¿Debo renunciar a proyectos y metas? ¿Debo dejar de soñar?

 

No es eso de lo que me dispongo a hablar ahora, y aunque lo fuera, lo último que tienes que hacer es hacerme caso. Yo no escribo en este blog para que me hagas caso. Escribo para hacerte pensar, y luego, tras tus reflexiones, que tú te hagas caso a ti mismo.

 

Y no a lo que nos han dicho que debemos hacer caso...

 

Es bueno tener proyectos y metas, y sueños. Es bueno soñar, pero no siempre, porque suele ser habitual tener también que trabajar para cumplir nuestros sueños.

 

También es bueno tener expectativas positivas. Porque cuando las tengo, cuando espero que de mi trabajo salga algo bueno, me predispongo al éxito, a la consecución de aquellas expectativas, y por ejemplo me hago más tolerante al fracaso, pongo más empeño y motivación, persisto más en pos de aquellos objetivos con los que me comprometí. Las expectativas positivas me acercan a la consecución de mis expectativas:

 

Si pienso que seré capaz de hacerlo,

estaré más cerca de hacerlo,

que si pienso que no soy capaz.

 

Lo que quizá no sea tan bueno es esperar que cumplir mis expectativas me hará muy feliz. O que no cumplirlas me hará sumamente infeliz.

 

Podemos encontrar muchos ejemplos muy habituales sobre esto: quiero hacer una fiesta de cumpleaños y quiero que sea la fiesta más épica de todos los tiempos, si lo consigo es posible que ni la disfrute porque habré estado demasiado preocupado por que fuera la mejor fiesta del mundo, si no lo consigo me sentiré un fracasado total, a pesar de que posiblemente haya sido una muy buena fiesta.

 

Más ejemplos: la pérdida de la virginidad, esa peli cuyo tráiler la hacía parecer alucinante, las bodas, el fin de semana... ¿Qué hay de malo en tener un fin de semana sin planes? Te quedas descansando en casa, puedes ahorrar, puedes invertir tu tiempo en hacer cosas solo o sola que hace tiempo que querías hacer pero nunca encontrabas tiempo.

 

Otro ejemplo: cuando España ganó el Mundial. ¿Cuánto tiempo llevábamos esperándolo? Lo deseábamos tanto que hasta pensábamos que cambiaría nuestras vidas: "¿cómo nos sentiremos cuando por fin seamos campeones del mundo?", nos decíamos. Pues la noche de la final fue un subidón absoluto, pero al día siguiente... Al día siguiente a currar (o a estudiar o a buscar trabajo) exactamente igual que tres días antes.

 

Tener expectativas demasiado altas puede hacerte infeliz. Porque mientras trabajas para alcanzar esas expectativas te centras tanto en conseguir que se cumplan que te olvidas de disfrutar el trabajo, el camino. Y porque una vez que las consigues experimentas un estado de felicidad que como todo estado de felicidad, es transitorio.

 

El estado de felicidad que experimentas cuando te comes un helado, es transitorio. El estado de felicidad que experimentas cuando consigues el ascenso de tu vida, es transitorio.

 

Por tanto sueña, no dejes de soñar, y persigue tus sueños... pero no olvides de disfrutar el camino, porque eso seguramente sea más importante que tus sueños, ya que el camino...

 

Es tu vida.

 

Y la vida no es sueño.

 

Barry Schwartz es un psicólogo estadoudinense, autor del libro La paradoja de la elección, por qué más es menos. En él habla de cómo en las sociedades industrializadas hemos ampliado hasta la enormidad nuestra capacidad de elegir y eso ha aumentado considerablemente nuestras expectativas.

 

Como tenemos tanto de donde elegir, nuestra expectativas respecto al objeto de elección (unos vaqueros, un trabajo, una pareja, una casa...) aumentan. El resultado: nos bloqueamos e invertimos demasiado tiempo y energía en decidir, y una vez hecha nuestra elección, es muy probable experimentar arrepentimiento, culpa o decepción al imaginar otra opción disponible que era mejor que la escogida.

 

Es decir: no disfrutamos el camino y cuando llegamos no nos sentimos mucho mejor.

 

Si mantuviéramos nuestra capacidad de elección pero hubiera menos donde elegir, seríamos más felices, porque nuestras expectativas no serían tan elevadas. Si por ejemplo en el mundo hubiera una distribución más igualitaria de la riqueza, haríamos más felices a personas del tercer mundo, al darles capacidad de elegir, y al reducir nuestro agigantado abanico de elección, nosotros también seríamos más felices... porque ya no estaríamos tan preocupados por elegir lo mejor, como por hacer lo mejor con lo que tuviéramos.

 

Tener alternativas es bueno. Tener demasiadas alternativas que inflan nuestras expectativas... No lo creo. Por eso:

 

1. Haz cosas bonitas con tu vida: márcate proyectos, metas, ten ilusiones, sueña y haz por cumplir tus sueños.

2. Pero renuncia a conseguir lo mejor (la expectativa más alta). Porque cuando consigas lo mejor seguramente te darás cuenta de que lo mejor no era para tanto...

3. Y que ni siquiera tenías que conseguirlo, porque ya lo tenías...

 

Porque lo mejor reside en tu capacidad de aceptar plenamente el aquí y ahora y disfrutar y agradecer lo que tienes hoy.

 

Porque la vida es lo que pasa y la felicidad lo que haces, mientras tienes otras expectativas.

 

¡Un abrazo!

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