EL PENSAMIENTO NEURÓTICO

05/02/2020

¡¡¡BU!!!

 

¿Te asustaste? Seguramente no. Pero imagina que llego a exclamar ese potente "¡bu!" justo al lado tuya después de haberme acercado sigilosamente a ti sin que te dieras cuenta...

 

El miedo es una respuesta natural ante los estímulos (como por ejemplo un "¡bu!") y, por ello, sentir niveles de estrés y ansiedad relativamente moderados a lo largo de nuestra vida, es normal.

 

La anormalidad, la patología, aparece cuando esos niveles nos provocan un malestar intenso y duradero, nos impide afrontar actividades que necesitamos poder hacer y provocan un deterioro significativo en nuestra calidad de vida.


Sentir ansiedad ante un examen es normal. Si esa ansiedad me invade la mayor parte de los días previos a cada examen que tengo que hacer y no me permite concentrarme e incluso acaba provocando que no me presente a la prueba... hay un problema.


Pues, el problema, hoy, con la ansiedad, es que nuestra respuesta de miedo se dispara no ante un "¡bu!" de fuera, es decir, frente a estresores externos que forman parte de lo cotidiano y frente a los cuales es normal sentir cierto nivel de estrés; el problema aparece cuando sentimos miedo por algo que no ha sucedido, que no ha pasado, por un estresor interno: nuestros propios pensamientos y preocupaciones.


Eso también es relativamente normal. Las personas poseemos imaginación y, por ello, la capacidad de adelantarnos a los eventos, de situarnos en el futuro. Es lo que nos permite prevenir posibles amenazas. Pero, muchas veces, las amenazas las inventamos. Y todos tenemos esa capacidad (o discapacidad) de inventarnos "grandes" problemas y "posibles" amenazas. La patología aparece cuando esa "habilidad" se convierte en una tendencia, en un hábito, en un patrón relativamente estable que me hace sentir malestar de manera duradera, intensa y limitante.


Y eso es el pensamiento neurótico: el pensamiento que tiende a generar problemas y amenazas y dotarles de un significado muy negativo y una relevancia muy importante.


Y estos son algunos consejos para cambiar este patrón de pensamiento:


- En primer lugar, no te preocupes porque te estás preocupando. Todos lo hacemos. Es una condición bastante normal del hombre y la mujer del siglo XXI. Acéptalo. Preocuparse puede ser un problema (como tantos que tenemos). Pero si te preocupas porque te preocupas, ya tienes dos problemas.


- No te "cases" con tu mente. No la endioses ni te sumerjas en ella. No todo lo que pasa por tu mente es veraz. ¿Cuántas veces has pensado en una cosa y no era así o luego no sucedía como habías imaginado? Muchos de nuestros pensamientos son solo eso, pensamientos, y no realidades ni verdades absolutas. Para no obsesionarte con lo que piensas y dejar de prestarle tanta atención, puedes restarles valor a tus pensamientos a través de su cuestionamiento ("lo que me estoy diciendo, ¿es absolutamente verdad, es útil, qué alternativas más razonables tengo?") y mediante el entrenamiento de la capacidad de observar tu mente desde fuera (meditación, mindfulness).


- Renuncia a la certidumbre, al control y a la perfección. La mayoría de los estados de ansiedad y de las patologías ansiosas suceden por el pensamiento anticipatorio, por pensar en el futuro, porque nos generamos la ilusión de que si pensamos en él y nos preocupamos, controlamos. Y no es verdad. Acepta que no saber y no tenerlo todo controlado y no ser perfecto ni que todo salga bien, forma parte de la vida y... no es tan malo. Es lo normal. Podemos fallar, fracasar y nos pueden pasar cosas malas. No todo tiene que ser bonito. Pero sí que podemos sacar bonitos y enriquecedores aprendizajes de los fracasos y adversidades de nuestra vida imperfecta.


- Por último, desarrolla tu optimismo. El pesimismo nos predispone a la derrota mientras que el pesimismo nos ayuda para el éxito. No nos garantiza el éxito o la felicidad, porque esa garantía no existe, pero nos mueve a la acción y, en acción, aumentan nuestras posibilidades de consecución de objetivos. No se trata de pensar que siempre me saldré la mía sino más bien pensar que tengo posibilidades de hacerlo y, si finalmente no lo consigo, algo aprenderé. Un mantra que uso mucho es: "Si va bien, bien, y si no, no pasa nada".


Porque, generalmente suele ser así, ningún problema es tan grave ni ninguna amenaza es tan perturbadora y, cuando sí lo son, solemos reponernos gracias a nuestra resiliencia, que es la capacidad de sobreponernos a la adversidad. Confía más en esa capacidad.


Así que, recuerda: "Hazlo. Y si te da miedo, hazlo con miedo".


Cuestiona todo lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.


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Y recibe ¡este abrazo!

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