CUIDA LO QUE TE DICES

22/02/2021

Rescato uno de mis posts antiguos más leídos. Así, revisamos ideas muy útiles a las que siempre viene bien hacer un repaso. Porque en psicología tan importante es lo que conviene aprender, como desaprender, como reforzar.

 

Esta semana, CUIDA LO QUE TE DICES, un post que publiqué en Mayo de 2016 y que nos recuerda la importancia de la calidad de nuestro discurso interior para cuidarnos. A veces cuesta (ya lo que creo que cuesta) no mandar todo ni a uno mismo a la mierda, pero es un esfuerzo que merece la pena. Espero que os guste y os sirva.

 

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En otro de mis posts, La Opresión del Todobienismo, explicaba que no tenemos por qué condicionar completamente nuestro bienestar emocional al hecho de hacer una tarea de manera eficaz, a ser lo que se espera de nosotros, o a que las cosas vayan por el camino que pensamos que deberían ir.

 

Hacer las cosas bien, o que la fortuna nos sonría, no son condiciones ni necesarias ni suficientes para sentirnos bien. Y aunque no podemos, ¡ni debemos!, reprimir emociones desagradables, incómodas o doloras, sí que podemos evitar quedarnos con esas emociones, arrastrarlas, permitir que dirijan nuestra conducta y que nos limiten, paralicen o bloqueen.

 

No podemos no sentir; sentimos sin más.

Pero sí podemos soltar o quedarnos con la emoción.

 

Una llave que cierra o abre la puerta a la emoción es nuestro propio diálogo interior.

 

Nos hablamos a nosotros mismos. Muchas veces, a lo largo de un solo día. De hecho, somos la persona que más nos habla. Y nuestro diálogo interior, al igual que el exterior, está muy influenciado por nuestros aprendizajes:

 

"Si no te portas correctamente se reirán de ti".

"No lo sabes hacer, ¿es que eres tonto?"

¡Dame, torpe, yo lo haré!"

"Si lloras es porque eres una nenazas".

"¿No tienes novio?, eso es que eres muy fea".

"¡No tienes amigos porque eres un nerd!"

 

Y pasan los años y el eco de esos aprendizajes se sigue reproduciendo en nuestras mentes, sólo que ahora somos nosotros quienes nos bombardeamos con estos mensajes. Y nos llamamos tontos o inútiles por no saber hacer algo, nos clasificamos como débiles por sentir dolor, nos menospreciamos si no tenemos pareja, o nos automarginamos por ser diferentes.

 

No lo hacemos por gusto, no somos masoquistas. Todos estos mensajes negativos tienen un fin: culparnos y castigarnos. Porque si me culpo y me castigo mucho cuando no haga las cosas bien, eso me incentivará para hacerlas mejor, y entonces, sólo entonces, podré ser feliz. MENTIRA:

 

No hay sentimiento más inmovilizador que la culpa. La culpa coarta el cambio. La culpa es la excusa perfecta para decir "es que soy así".

 

El castigo no produce conductas nuevas. Las puede erradicar, pero no sustituir por otras más eficaces.

 

Y sobre todo: ¿por qué esperar a ser feliz solo cuando las cosas te salgan bien? Y si cambiases el planteamiento. Y si por un momento...

 

Y si por un momento la vida no fuera como nos han dicho siempre, y fuera así:

 

No necesito que todo esté bien para sentirme bien.

Lo que necesito es sentirme bien.

 

Porque así, incluso aunque no todo esté bien, que seguramente no lo estará... estarás bien. Y, a veces (y a veces muchas veces), te sentirás mal... y estará bien.

 

Entonces, cuando hayas fallado, cuando no conseguiste lo que querías, cuando decepcionaste a alguien o cuando todo el Universo pareció ponerse de acuerdo para conspirar contra ti, por qué no pruebas a:

 

Quitarle hierro al asunto.

Reírte de ti mismo de una manera sana, sin menosprecio.

Recordarte que no eres perfecto... ni existe nadie que lo sea.

Poner el foco de atención sobre tus cualidades positivas.

Ser tan amable contigo como lo eres con la gente a la que respetas y quieres.

Quererte. Demostrártelo con palabras de aprecio, con autoamor.

 

¿Qué puede fallar si lo haces, qué puede ir mal? ¿Que no te esfuerces por ser lo suficientemente bueno? ¿Bueno para quién...?

 

Sé bueno para ti primero y, luego, más fácilmente podrás serlo para el resto.

 

Recuerda: el mundo está lleno de gentes con culpas, castigándose a sí mismos o los unos a los otros. Por eso las guerras, por eso los resentimientos y los odios. Pero allá donde siembres amor, recogerás amor.

 

¿A qué esperas para poner una semilla... dentro de ti?

 

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Cuestiona lo que te digo; la duda nos acerca más a la verdad.

 

Si te gustó el post, no te lo quedes solo para ti, porfa, compártelo. También puedes dejar tus comentarios más abajo.

 

Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para el resto del mundo.

 

¡Un abrazo!

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