CALMAR LA EMOCIÓN

07/07/2026

Sentir es normal. Hasta ahí llegamos, ¿verdad?

 

Sentir emociones incómodas, desagradables o dolorosas, como el miedo, el enfado o la tristeza, también es normal. To no puede ser bonito. Y, además, esas emociones están ahí para algo, cumplen alguna función.

 

Lo que ya no es tan normal o, mejor dicho, lo que puede provocarnos problemas (y las emociones no están ahí para provocarnos problemas) es cuando tenemos respuestas emocionales muy intensas, cuya intensidad no es adaptativa, y que pueden prolongarse en el tiempo.

 

Por ejemplo, lo que conocemos como estrés. El estrés es una respuesta adaptativa que se produce en el organismo y que nos prepara para afrontar ciertas demandas del entorno. No es otra cosa que una activación psicofisiológica elevada porque, si estuviéramos siempre en calma, no estaríamos lo suficientemente preparados para realizar ciertas tareas o resolver algunos problemas, ¿no?

 

Pero cuando el estrés es muy elevado con respecto a la demanda que lo provoca o nos mantenemos estresados cuando no toca, el organismo se resiente, y se agota, y pueden aparecer problemáticas como el burnout, la depresión o los ataques de pánico. ¿Lo ves?

 

Lo mismo con el enfado: ¿te has enfadado alguna vez y te has arrepentido de lo que has hecho luego o te has dado cuenta de que tu enfado había sido desproporcionado? Y con la tristeza: ¿ha hecho la intensidad (el drama) de la tristeza que lo veas todo negro y que nada tenga sentido ya?

 

Por eso a las emociones no hay que combatirlas. No se trata de luchar contra ellas ni de eliminarlas ni de transformarlas como primera opción (podemos cambiar lo que sentimos, sí, pero tras haber atendido antes la emoción que estábamos sintiendo en primer lugar). Se trata de aprender a regular la intensidad de las emociones cuando esa intensidad se dispara y nos provocan dolor innecesario o respuestas disfuncionales.

 

Y esa regulación se puede hacer de manera mental, cognitiva, con diálogo interno y cambio de pensamientos. Puedo decirme algo para ver aquello que me está estresando de otra manera, y ayudarme así a bajar un poco la guardia. Puedo relativizar aquello que ha provocado mi enfado. Puedo cuestionar tanta negatividad y tratar de enfocarme en lo positivo (siempre que este sea un ajuste realista, claro).

 

Pero, a veces (y creo que muchas veces) nos sentimos tan abrumados por la intensidad de la emoción que nos es imposible pensar con claridad y decirnos algo que sea útil. Por eso, hay que ir primero al cuerpo, a la emoción directamente.

 

Y hay dos formas principales de calmar la emoción:

 

1. Relajarla. Si lo que notas es aceleración, hiperactividad, que no puedes quedarte quieto, que la emoción te empuja a actuar de manera impulsiva y desenfrenada, seguramente necesites pararte y bajar esas revoluciones. Por ejemplo, respirando lenta y profundamente. O con autoverbalizaciones relajantes. O con música de ambiente tranquilo, o con yoga o meditación. Se trata de desacelerar cuerpo y mente, que van a mil por hora, y, con otra marcha puesta, pensar de una manera más nítida y actuar de forma más controlada. Esta estrategia puede ser especialmente útil cuando estamos muy agobiados porque tenemos muchas cosas que hacer y sentimos esa presión de que no podemos con todo, o cuando la ira nos empuja a actuar sin control, de manera muy rápida, y, casi siempre, desacertada.

 

2. Desfogar. Si lo que notas es angustia, una tensión que te oprime, que te hace pequeñito, y te sientes bloqueado, asustado, encogido, con mucha inquietud interna, seguramente lo que necesitas entonces es ¡soltar toda esa tensión, liberarla! Puedes hacer alguna actividad física intensa, incluso en casa, moverte fuerte y rápido para "agotar" toda esa energía de más que hay en tu organismo. O puedes salir a la calle a andar rápido (normalmente, cuando se hace esto, tras un tiempo, se suele pensar con mayor claridad). Puedes cambiarte de sitio, porque a veces nos sentimos como encerrados, y, simplemente cambiado de entorno, empezamos a sentirnos mejor. Si relacionas esa tensión con el enfado, puedes desfogar soltando tacos o insultos (con la persona implicada fuera de esto, claro), o escribir muy rápido sobre todo lo que se te ocurra para soltar tu mala leche. O si lo que estás es triste, puedes llorar, por supuesto, que es de las cosas que hacemos que más liberados de tensión nos dejan.

 

Al final, se trata, sobre todo, de ser conscientes de que aquello que creemos que es el problema (algo externo) no lo es tanto o se puede resolver, pero que, primero, seguramente, necesitemos atender el verdadero problema principal: una respuesta emocional demasiado intensa. Nos sobre agobiamos, o nos sobre enfadamos, o nos volvemos demasiado negativos...

 

... pero podemos calmarlo. Y espero que este post te ayude con eso. Y si no, siempre puedes acudir a mí como tu psicoterapeuta y te enseño más sobre esto.

 

Cuestiona lo que digo, que la duda nos acerca más a la verdad.

 

Si te gustó el post, comenta y comparte, no te lo quedes solo para ti, porfa.

 

Si te gusté yo, hago terapia psicológica en consulta en Málaga y online para todo el mundo. También tengo dos libros.

 

¡Y me despido de ti, por ahora, con este abrazo!

Envía tu comentario

Nombre

Email

Comentario

    Suscríbete

    Nombre

    E-mail