En el último post te daba algunas claves, tanto cognitivas como de autorregulación emocional, para ayudarte a calmar la emoción cuando la intensidad de esta se dispara. No olvidemos que las emociones no son un problema por sí mismas, sino que es, a veces, su intensidad, lo que nos abruma y provoca dolor o sufrimiento o hace que actuemos de manera impulsiva y equivocada. Pero esa intensidad se puede regular.
Bien, pues hay algo que no te conté en ese post y que, quizá, puede ser lo más útil para calmar la respuesta emocional tan intensa que estemos sintiendo: saber de dónde viene eso.
¿No te lo has preguntado nunca? ¿Por qué reaccionas emocionalmente de manera tan intensa ante ciertos estímulos y situaciones, mientras que otras personas no responden igual? Por supuesto, por tu historia. Una historia que no tiene los mismos traumas que ninguna otra persona. Pueden ser similares, en algunos casos, pero nunca 100% idénticos.
Entonces, lo que hace tu cerebro cuando percibe un estímulo (y recordemos, esos estímulos pueden ser externos, como situaciones e interacciones, o pueden ser internos, como pensamientos, emociones y sensaciones) es buscar rápidamente (en milisegundos) información con la que asociar ese estímulo para identificar si es peligroso o neutro. Si encuentra traumas o situaciones aversivas del pasado que asocia al estímulo presente, la sobre respuesta emocional ya está en marcha.
Imagínate un niño que sufrió en el pasado porque sus padres no dejaban de discutir violentamente y, ahora, en el presente, en cuanto se enfrenta a una situación de conflicto con alguien, responde entrando en pánico, o de manera agresiva, o se encierra en sí mismo y se queda días en un estado de ánimo deprimido. Su trauma se está despertando. Un trauma es una herida emocional todavía abierta.
¿Hay que cerrarla para que podamos sanar y, por ende, dejar de reaccionar emocionalmente así? Yo soy de los que piensa que no. Todos estamos traumados. Todos estamos heridos. Y vamos a seguir estándolo. Y no pasa nada. Bueno, mentira, sí que pasa: sufrimos. Pero no se trata de no sufrir. Se trata de sufrir bien. Y cuando te das cuenta de que tu sufrimiento viene de un trauma, es como si descubrieras que solo es una especie de falsa alarma, que en realidad estás sobre reaccionado a algo que tu cerebro se piensa que es muy malo pero que no lo es tanto o que, al menos, es manejable.
No necesitas sanar. No necesitas dejar de responder así (no puedes evitarlo). Solo necesitas cuidarte. Porque estás herido. Y todo herido necesita cuidados. Y es entonces, cuando entiendes que solo tienes que hacer eso, cuando la emoción se puede calmar. Porque sabe que está siendo bien atendida.
Sabe que la vas a sufrir bien.
Cuestiona lo que digo, la duda nos acerca más a la verdad.
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Si te gusté yo, te ayudo a identificar traumas y sus secuelas actuales en consulta en Málaga y online para todo el mundo. También tengo dos libros.
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